15 de mayo de 2026
El día que levantaron el pavimento
Una arqueología bajo nuestros pies.
En enero de 2005, para hacer el foso de la caja de un ascensor en la escalera de nuestro edificio — el número 11 de Petritxol —, los arqueólogos empezaron a excavar. Lo que encontraron, a solo 30 cm del nivel del suelo, fue un pequeño tesoro: baldosas de 15 × 15 × 3 cm que habían formado parte del pavimento originario del patio de la casa, y, debajo, adoquines de tamaños diversos, orientados en la misma dirección que la calle.
La intervención tuvo el código oficial MHCB 267/04 y estuvo dirigida por la arqueóloga Vanesa Triay. Los adoquines oscilaban entre los 45 y los 24 cm de largo y 20 de ancho. Eran, según la datación de los arqueólogos, contemporáneos a la construcción del edificio, que data de finales del siglo XIX, en una época de reestructuración urbana de toda la calle.
No es muy sorprendente encontrar cosas así en el Barrio Gótico. Estamos en una zona que se ha ido edificando sobre antiguas construcciones romanas y medievales. En 1999, en el número 8 de la calle, aparecieron restos de una cloaca romana. En 2012, en el número 14, salieron muros de los siglos XIV y XV. En 2014, en el número 1, estructuras medievales del siglo XIV.
Lo curioso es pensarlo mientras sirves un chocolate: que bajo tus zapatos, bajo el suelo, bajo el cemento, todavía están las baldosas que tus antepasados pisaban cada día. No las ves. Nadie las ve. Pero están ahí.
Los arqueólogos las fotografiaron, dataron y, con el permiso del Museo de Historia de la Ciudad y del Servicio de Arqueología, las desmontaron para seguir con la obra. Una parte se queda en el subsuelo. Otra queda en la memoria escrita de la calle.
Cada vez que sale un grupo de la casa a la calle, pasa exactamente por el mismo punto. No lo saben.